La Historia
de RiverPlate
Tabla sobre los 27 Campeonatos
Fue fundado el 25 de Mayo de 1901, de la unión de dos clubes amateurs: Santa Rosa y La Rosales. Leopoldo Bard fue su primer presidente. La incipiente agrupación futbolera fue creciendo trabajosamente. Sus integrantes se distinguían jugando los partidos con las camisas blancas cruzada por una banda roja prendida con alfileres, que en aquel tiempo se llamaban imperdibles.
Por eso, un periodista con vocación poeta, pudo decir casi cuarenta años más tarde: " Aquella banda roja quedó prendida al alma de la multitud con los imperdiobles de la emoción popular..."
En abril de 1915 inauguró su primera cancha estable en la manzana delimitada por Aristóbulo Del Valle, Sebastián Gaboto y Pedro de Mendoza, junto al Riachuelo. En mayo de 1923 instaló el estadio en avenida Alvear ( hoy del Libertador), entre, Tagle, y Austria. En mayo de 1938 se mudó al Monumental, siempre junto a un río y apoyando una de sus tribunas sobre una avenida, como un tributo a de fidelidad a su espíritu tradicional.
Festejó su primer título en La Boca, en 1920, tiempos de Carlos Isola y Cándido
García. Fue tres veces campeón en Palermo: 1932, 36 y 37, años de la gran
explosión provocada por Bernabé " La Fiera" Ferreyra. Se aburrió de
dar vueltas olímpicas en su actual estadio. Cuando era " La Herradura", con La
Máquina de Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau. Más tarde con Di
Stéfano, más tarde con Walter Gómez. Hasta que la venta de Enrique Omar
Sívori a Italia permitió iniciar la construcción de la cuarta tribuna. Para seguir
conquistando títulos desde 1975 para acá con el Beto Alonso,
Passarella, Fillol, Merlo, Luque, Kempes, Ramón Díaz, el Negro Enrique, el Tolo Gallego,
Enzo Francescoli hasta la hora actual. Cuando Ariel Ortega, Matías Almeyda y
Hernan Crespo, Gallardo( ya vendidos); y ahora Saviola demostraron y demuestran
que aquella rica historia que iniciaron Moreno y Pedernera hace sesenta años, millonaria
en fútbol y en ilusiones, mantiene su vigencia y su fuego interno.
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En rigor, fueron 28. Porque a los 27 títulos de campeón que River conquisto en 67
años del ciclo profesional de nuestro fútbol (1931-1999), es preciso sumarle el primer
campeonato de Primera División ganado en el amateurismo de 1920, en lo que se llamó la
era romántica del fútbol argentino.
Aquel logro se festejó en el estadio boquense de Brandsen, Caboto, Pinzón y Pedro de Mendoza, cerquita del Riachuelo. Los tres primeros de la era rentada tuvieron por escenario otro histórico estadio de madera: el de la avenida Alvear (hoy del Libertador), entre Tagle y Austria. Allí resonaban como campanadas de victoria los taponazos inatajables de Bernabé "La Fiera" Ferreyra para que River consiguiera los campeonatos de 1932, 36 y 37. Los otros veintidós se disfrutaron en el Monumental, inaugurado el 25 de Mayo de 1938. Pronto se van a cumplir sesenta años y sigue siendo el auténtico coliseo del fútbol nacional.
Si hay un detalle que distingue al club de la banda roja entre todos los que integran
la AFA es su superioridad indiscutible: Boca Juniors lo escolta con 18 títulos en torneos
de la AFA, con 7 campeonatos menos; Independiente es el tercero con 13. Al finalizar el
Nacional de 1978, Boca y River estaban igualados con 14 coronas cada uno. A partir de
1979, el avance riverplatense, sostenido, espectacular, inalcanzable, ha sido
incontenible.
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de la historia
Los 27 títulos de la era profesional
| Campeonato | PTS. | % | J. | G. | E. | P. | GF. | GC. | GOL/PART. | GOLEADOR |
| 1932 | 50 | 73,53 | 34 | 22 | 6 | 6 | 81 | 43 | 2,38 | BernabéFerreyra (43) |
| 1936 | 28 | 82,35 | 17 | 13 | 2 | 2 | 49 | 19 | 2,88 | Bernabé Ferreyra (14) |
| 1937 | 58 | 85,29 | 34 | 27 | 4 | 3 | 106 | 43 | 3,12 | José Moreno ( 37) |
| 1941 | 44 | 73,33 | 30 | 19 | 6 | 5 | 75 | 35 | 2,50 | Pedernera (14) |
| 1942 | 46 | 76,67 | 30 | 20 | 6 | 4 | 79 | 47 | 2,63 | Pedernera (24) |
| 1945 | 46 | 76,67 | 30 | 20 | 6 | 4 | 66 | 34 | 2,20 | Labruna (25) |
| 1947 | 48 | 80,00 | 30 | 22 | 4 | 4 | 90 | 37 | 3,00 | Di Stéfano (27) |
| 1952 | 40 | 66,67 | 30 | 17 | 6 | 7 | 65 | 48 | 2,17 | Vernazza (18) |
| 1953 | 43 | 71,67 | 30 | 18 | 7 | 5 | 60 | 36 | 2,00 | Prado (21) |
| 1955 | 45 | 75,00 | 30 | 18 | 9 | 3 | 53 | 35 | 1,77 | Sívori (11) |
| 1956 | 43 | 71,67 | 30 | 17 | 9 | 4 | 61 | 32 | 2,03 | Sívori (10) |
| 1957 | 46 | 76,67 | 30 | 19 | 8 | 3 | 75 | 34 | 2,50 | Zárate (22) |
| 1975 Metro | 55 | 72,37 | 38 | 23 | 9 | 6 | 72 | 38 | 1,89 | Morete (24) |
| 1975 Nacional | 37 | 80,43 | 23 | 17 | 3 | 3 | 54 | 25 | 2,35 | Alonso (7) |
| 1977 Metro | 63 | 71,59 | 44 | 25 | 13 | 6 | 83 | 46 | 1,89 | Marchetti (21) |
| 1979 Metro | 32 | 72,73 | 22 | 13 | 6 | 3 | 41 | 24 | 1,86 | Alonso (8) |
| 1979 Nacional | 26 | 65,00 | 20 | 10 | 6 | 4 | 35 | 17 | 1,75 | Ramón Díaz / Luque (9) |
| 1980 Metro | 51 | 70,83 | 36 | 20 | 11 | 5 | 64 | 33 | 1,78 | Ramón Díaz (14) |
| 1981 Nacional | 28 | 70,00 | 20 | 10 | 8 | 2 | 31 | 14 | 1,55 | Kempes / Passarella (6) |
| 1985/86 | 56 | 77,78 | 36 | 23 | 10 | 3 | 74 | 26 | 2,05 | Francescoli (25) |
| 1989/90 | 53 | 69,74 | 38 | 20 | 13 | 5 | 48 | 20 | 1,26 | Medina Bello (9) |
| 1991 Apertura | 31 | 81,58 | 19 | 14 | 3 | 2 | 33 | 11 | 1,74 | Ramón Díaz (14) |
| 1993 Apertura | 24 | 63,16 | 19 | 9 | 6 | 4 | 29 | 17 | 1,53 | Medina Bello (8) |
| 1994 Apertura | 31 | 81,58 | 19 | 12 | 7 | 0 | 31 | 14 | 1,63 | Francescoli (12) |
| 1996 Apertura | 46 | 81,58 | 19 | 15 | 1 | 3 | 53 | 22 | 2,78 | Cruz (10) |
| 1997 Pepsi AFA Clausura | 41 | 76,31 | 19 | 12 | 5 | 2 | 37 | 20 | 1,94 | Francescoli (12) |
| 1997 Pepsi AFA Apertura | 45 | 78,94 | 19 | 14 | 3 | 2 | 42 | 17 | 2,21 | Salas (10) |
Para calcular el porcentaje de eficacia se asignaron dos
puntos a cada partido ganado, a fin de permitir la comparación con los años anteriores.
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(Letra: Arturo Antelo)
" Elevemos toda el alma en la humilde canción
Renovando con cariño la ingenua ilusión
Y con lazos triunfadores tratemos de unir
El glorioso pasado y el brillante porvenir"
" River Plate, tu grato nombre
derrotado o vencedor
siempre, cual solo hombre,
nos tendrá a su alrededor
¡ Mientras viva tu bandera
la izaremos con honor!"
" River Plate, en ese nombre
de tan dulce vibración
hay un eco que estremece
y agiganta el corazón...
¡ Mientras viva tu bandera
la izaremos con honor!"
" River Plate, tu grato nombre,
clamaremos con amor...
¡ Nuestra sangre está cruzada
en tu blanco pabellon!
¡ Mientras viva tu bandera
la izaremos con honor!"
Los Goleadores
En 1932, por los altavoces del viejo estadio de madera se pasaba un tango
grabado por la orquesta de Francisco Canaro que proclamaba: "En el
fútbol nacional se destaca un jugador de lo más fenomenal..." Su estrillo alertaba:
"Tengan cuidado, muchachos, que se aproxima la Fiera..."
Era el tango "Bernabé la fiera", que cuatro autores compusieron
en homenaje al hombre sensación de ese momento: el rufinense Bernabé Ferreyra, también
apodado el "El Mortero de Rufino", dueño de un remate impresionante, una
velocidad incontenible y una ambición goleadora que lo llevo a convertirse en el máximo
anotador de ese campeonato que ganó River, con 43 tantos en 34 partidos. esa fue la
característica singular de su campaña: el futbolista que registra más goles
conquistados que partidos jugados. Metió 187 en 184 presentaciones oficiales, entre 1932
y 1938, y contribuyó al logro de tres campeonatos: 1932, 36, 37.
El sucesor de La Fiera fue Luis María Rongo, de sus mismas
características, penetración y remate potentísimo, quien empató en su paso por la
primera millonaria la hazaña estadística de Bernabé: 56 impactos en 48 partidos. Sin
embargo, la era de los centro delanteros goleadores iba pasando. Asomaban como ejecutores
otros atacantes que sin desplazarse del eje de la cancha ni apoyar su infalibilidad sobre
la potencia, imponían su llegada por sorpresa. Comenzó así, la formidable campaña de
Angel Amadeo Labruna, el hombre que convirtió más goles con la casaca de la banda roja:
292 entre 1939 y 1959. La trayectoria de Labruna registra varios records: es el máximo
goleador del clásico River-Boca, con 16 tantos que sirvieron para ganar o empatar; es el
futbolista que más títulos logró con River, nueve (1941, 42, 45, 47, 52, 53, 55, 56 y
57); es uno de los que más veces defendió su camiseta, 516 veces, después de las
521 de Amadeo Carrizo.
En 1947 surgió Alfredo Di Stéfano. raudo, veloz, electrizante, la Saeta
Rubia fue el scorer máximo del torneo con 27 tantos y si no superó los 50 en su campaña
riverplatense fue porque al promediar 1949 emigró a Colombia, para seguir desparramando
su vitalidad y su definición implacable por otros campos del mundo.
Dos Monos que se destacaban por su ambición y sus voleas de zurda,-Oscar
Más en las décadas del sesenta y setenta, Roberto Zárate en los cincuenta- dejaron su
marca en las redes adversarias desde una posición poco propicia para llegar al gol, como
es la punta izquierda. Zárate marcó 61 entre 1951 y 1957 y Pinino Más se anota con una
cifra que lo ubica segundo de Labruna en la historia: 199, todos de gran espectáculo, en
dos épocas: de 1964 a 1973 y de 1975 a 1976. Lo de Luis Artime, auténtico fantasma del
área penal en los años sesenta, resulta estadísticamente bárbaro: en tres temporadas
jugó 80 encuentros y marcó 70 goles. Daniel Germán Onega, hermano menor de Hermindo, y
centro delantero en los años que siguieron al reinado de Artime, aparecía por sorpresa,
tocaba y definía. Así alcanzó los 86 goles entre 1966 y 1973.
El "Puma" Carlos Manuel Morete, de juego directo y punzante, con
un pique corto notable para un hombre de su fuerte contextura física, convirtió 103
entre 1970 y 1975, cuando fue transferido a España.
Los goleadores más destacados de los últimos veinte años fueron Leopoldo
Jacinto Luque, Ramón Angel Díaz y Enzo Francescoli. Luque debutó metiéndole el gol del
triunfo a Boca en la Bombonera, una noche convirtió cinco contra San Lorenzo y señaló
75 entre 1975 y 1980. El riojano Díaz, actual técnico de River, un definidor
electrizante por su velocidad y su implacable toque de zurda, alcanzó las 85 conquistas
en sus dos épocas como atacante millonario, de 1978 al 91 y de 1991 al 93. El sutil
goleador uruguayo, también hombre que estuvo entre 1983 y 86, se fue a Europa y volvió
en 1995, anotó 115 goles, dejando atrás los 76 anotados por su compatriota Walter
Gómez.
Los Conductores
Carlos Desiderio Peucelle, wing derecho, a veces interior izquierdo, en
alguna oportunidad half izquierdo y ocasionalmente zaguero, fue un auténtico adelantado
del fútbol riverplatense. La enumeración de las funcione ocupar en el equipo, siempre
con altísima eficacia, está señalando su condición de hombre capacitado para
desdoblarze en distintas funciones, lo que resultaba estraño en tiempos de un fútbol
absolutamente posicional. "Pensar que hoy le dicen polifuncionales y a mi me llamaban
Barullo...", solía decir resignadamente en los años sesenta, ya retirado del
fútbol activo y aplicado a su pasión de entrenador y maestro.
Peucelle jugaba en Sportivo Buenos Aires cuando River contrató sus
servicios en 1931, pagándole la suma de diez mil pesos, una locura para esa época. Con
él nació el fútbol profesional en la Argentina y un apodo que distingue a River desde
entonces: Los Millonarios. Campeón con la banda sangre en 1932, 36, 37 y 41, Carlitos fue
modelando con su ejemplo a dos futuros conductores, encargados de proseguir y acrementar
la gran historia: José Manuél Moreno y Adolfo Pedernera.
Moreno era el joven genio del ataque que decidió las conquistas de 1936 y
37. Hábil, talentoso, creativo, guapo, de gambeta incontrolable y cabezazo ganador,
Moreno jugaba, hacía jugar y metía goles. Adolfo Pedernera, su compañero de ala en la
delantera millonaria de 1936-37, dueño de una técnica inmaculada, elegante, sutil,
clarividente, se iba a transformar en el centro delantero conductor a partir de 1941. Fue
el año que nació La Máquina, esa conjunción inolvidable de clase individual y
entendimiento colectivo. El gran Adolfo que, además de crear juego perforaba defensas con
la violencia de sus remates -metió 130 goles en once temporadas-, fue tal vez el máximo
estratega de nuestras canchas.
En la década del treinta, la figura den centre half que manejaba los hilos
del conjunto estaba asociada a la condición de patrón, de caudillo. José María
Minella, hombre de alta jerarquía y riqueza técnica, cumplió esa función en River
desde 1935 hasta comienzos de 1941. Pasaron varias temporadas hasta que en 1945, se hizo
dueño de esa posición y ese rol, un jugador surgido del club, de notable manejo, toque
impecable, ojos en la nuca y voz de mando. Era Néstor Raúl Rossi. Pipo llenó esa zona
hasta 1949, cuando emigró a Colombia. Volvió al club en 1955 y fue tres veces Campeón:
1955, 56 y 57.
Junto a Pipo Rossi, actuaba Eliseo Prado, armador de preclara inteligencia
para leer el juego, de gran capacidad estratégica y constante despliegue, que le
permitía partir del área penal de River, cruzar toda la cancha armando la jugada y
llegar al área contraria para marcar el gol. Los más cercanos ejemplos de conducción
que tuvo la historia riverplatense fueron Juan José López en el cuadro que conquistó
seis títulos entre 1975 y 1980, y Hector Adolfo Enrique, en el equipo que ganó todo en
1986 (campeonato, Copa Libertadores y Copa Intercontinental) y luego, en el vencedor de
1989-90. Dos Negros de clase, sagaces, dinámicos, vitales, inolvidables.
Los Virtuosos
Sostienen los que saben mucho del
tema, que por las canchas argentinas ni hubo cintura para el amague, la gambeta, la
frenada y el contrapique sorpresivo, que pudiera empardar lo de Walter Gómez. El crack
uruguayo fue, tal vez, la máxima expresión de virtuosismo para el juego corto,
intencionado y pícaro, que tuvo River en su historia. Llegó de Montevideo en 1950,
debutó en Rosario, a los dos minutos de juego la recibió de Labruna y clavó su primer
gol, fue ídolo total y además de alegrar con su fútbol a toda una generación, dejó el
recuerdo de tres campeonatos ganados y 76 goles convertidos en 106 partidos, sin penales
ni tiros libres, todos de altísima calidad. El penúltimo se le metió al arquero Adamo,
de Vélez, pateándole desde 35 metros para dejar la pelota colgada como un trofeo entre
la red y el caño de sostén.
Merecería figurar también entre los virtuosos de la historia millonaria
un futbolista tan completo como José Manuel Moreno, quien registra además, el mérito
estadístico de ser el cuarto goleador de todos los tiempos, con 179, la mayoría de
cabeza.
Muy cerca de ellos la memoria ubica dos típicos productos del potrero, con
su atrevimiento, su picardía y sus medias caídas: Enrique Omar Sívori y Felix Loustau.
El Cabezón Sívori se fue muy joven a Italia, con apenas 20 años, transferido a la
Juventus en una cifra record para 1957: diez millones de pesos. Ese dinero le sirvió al
club para iniciar las obras que iban a cerrar la herradura del Monumental. Loustau, de una
genialidad desconcertante que justificaba con holgura el apodo de Chaplin, prolongó su
campaña durante quince temporadas, armó con Labruna una pareja izquierda que divirtió
al público y enloqueció a los contrarios, y dejó la marca de 101 goles.
Al recordar a Sívori uno evoca de inmediato sus paredes electrizantes con
Norberto Menesdez, otro futbolista desbordante de virtuosismo. El Beto debutó en la
primera a los 17 años, contra Boca y al lado de Sívori, registrando un récord
inigualable en el fútbol criollo: ganó tres campeonatos con River y otros tres con Boca.
Ermindo Angel Onega, el "Ronco", era un jugador elegante, de
exquisito manejo y de impecable pegada, que dejó la cifra de 97 goles marcados en la
década del sesenta. Norberto Osvaldo Alonso, uno de los máximos ídolos que tuvo el
club, era un virtuoso que vivía inventando y sorprendiendo con ese pie izquierdo que
dibujaba jugadas y metía pelotas por el ojo de una aguja. El Beto logró el ideal de unir
el fútbol-arte con el fútbol-eficacia. Ahí están sus 149 goles para certificarlo en
forma total.
Los Mariscales
Ellos se encargaban de frenar la llegada de los atacantes rivales con su
sentido de la ubicación, su intuición para adivinar lo que iba a hacer el adversario, su
manejo exacto de tiempo y distancia, su serenidad, su determinación, su criterio para
salir jugando desde el fondo y pegar la puntada inicial de la maniobra riverplatense.
Algunos, con la distinción y la postura que justificaban con creces el rótulo de
"Mariscales". Otros con la personalidad y temperamento ganador de los que se
imponen por solo acto de presencia.
Ellos fueron Ricardo Vaghi, en tiempos de La Máquina, campeón en 1941,
42, 45 y 47; Alfredo Ricardo Pérez en los cincuenta, cuando River ganó cinco títulos
sobre seis disputados; Roberto Alfredo Perfumo, Daniel Alberto Passarella y Alberto Cesar
Tarantini en los setenta, cuando volvieron las vuelatas olímpicas a poblar de euforia las
tribunas del Monumental; Oscar Alfredo Ruggeri, en 1985-86, cuando River ganó todo lo que
jugó: campeonato, Copa Libertadores y Copa Intercontinental. Podríamos agregarle la
calidad de José Manuel Ramos Delgado y la categoría del uruguayo Roberto Matosas, en
aquellos años del sesenta que River no podía quebrar la mala racha. Todos y cada uno
quedaron en la galería de las figuras inolvidables. Con este agregado en favor de
Passarella: fue el defensor más goleador de la historia de River, con 99 conquistas.
Los Arqueros
Gregorio Blasco, integrante del Combinado Vasco que estuvo de gira por
América huyendo de los horrores de la Guerra Civil Española, fue contratado por River en
1940. Fue el primer arquero que atajó con guantes en el fútbol argentino. Uno más
tarde, ocupó la valla riverplatense un uruguayo de atlética estampa, de excelente
colocación, manos seguras y definida personalidad. Era Julio Barros, arquero de La
Máquina en dos campañas ganadoras: 1941 y 42.
El siguiente arquero destinado a hacer historia también había llegado de
un país hermano: era el señoral José Soriano, hombre de la Selección Peruana que en
1943 atajó para Banfield y en 1944 fue adquirido por River, donde salió campeón en
1945. Era un cumplido caballero a quienes sus compañeros de equipo respetaban tanto que
lo llamaban Don José y un guardavalla tan sólido en la contención como eficiente en las
salidas a cortar juego, a veces con los pies. Fue, en ese aspecto, un verdadero adelantado
del estilo que luego llevaría a la perfección Amadeo Raúl Carrizo. En dos importantes
clásicos de 1945 -contra Independiente y San Lorenzo- apareció precisamente Carrizo,
titular de la tercera, cuando sólo tenía 17 años de edad.
Para el torneo de 1947, que River obtuvo en forma brillante, se encuadró
en la valla otro valor surgido de las inferiores del club: Héctor Grisetti, el arquero
suicida, capaz de resolver situaciones extremas arrojándose de cabeza a los pies del
delantero que ya pateaba. Jugó los 30 partidos de ese año y a partir de 1949 se fue
alternando con Carrizo hasta que en 1949, Amadeo quedó dueño del puesto para cumplir una
extensa campaña que abarcó dos décadas y 521 partidos. Se dijo, y con razón, que él
inventó el arquero moderno: el que juega y ataja. Colaboró en la obtención de cinco
campeonatos -1952, 53, 55, 56 y 57- y fue uno de los más grandes ídolos que tuvo el
club.
El arquero que lo sigue en idolotría y en cantidad de presentaciones fue
Ubaldo Matildo Fillol, un verdadero monstruo. Atajó 360 encuentros desde 1973 a 1983,
ganó siete campeonatos -dos en 1975, 1977, dos en 1979, 1980 y 1981- y una Copa del Mundo
con Argentina en 1978.